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Los Trejos, cuatro generaciones sembrando café con Alma

En lo alto de los cerros de Quinchía, donde la neblina abraza las montañas y los amaneceres despiertan con aroma a tierra húmeda, nació hace más de ochenta años la tradición cafetera de la familia Trejos. Allí, entre pendientes verdes y silencios profundos, comenzó a gestarse lo que hoy conocemos como Alma Batero: un sueño sembrado por nuestros bisabuelos, quienes entregaron su vida a la tierra, al trabajo en comunidad y al café como una forma noble de habitar y honrar su territorio.

La Familia Trejos

Nuestro bisabuelo Juan de Dios Trejos, descendiente de arrieros antioqueños establecidos en la zona de El Morro, en Quinchía, unió su destino al de Edubina Guapacha, heredera nativa de extensas tierras de la región. De esta unión nacieron doce hijos, entre ellos nuestro abuelo Ramón Trejos. Cuenta la historia que Juan de Dios, además de caficultor por vocación, era médico empírico: un hombre al servicio de su comunidad. Tras el matrimonio, tomó las tierras de su esposa y las transformó, con paciencia y visión, de bosques densos en fértiles cafetales que comenzaron a dar sustento y propósito a generaciones enteras.

Ramón Trejos contrajo matrimonio con Amanda Franco, hija de Antonio Franco y Felicia Yépez; una familia proveniente de Donmatías, Antioquia, marcada por su profunda fé y su tradición misionera. Juntos, Ramón y Amanda hicieron de la herencia recibida un legado vivo.

De esta unión nacieron quince hijos, la generación de nuestros padres, tíos y tías. Los abuelos  Trejos fortalecieron la finca y perfeccionaron las prácticas de recolección manual, enseñando a cada hijo e hija que el café no es solo un cultivo: es una forma de vida y una escuela de valores, que el campo require constancia y respeto. Con el paso del tiempo los abuelos, expandieron sus tierras hacia zonas más cercanas al pueblo —La Cuchilla, Miracampo y finalmente Riogrande — buscando no solo prosperidad, sino también educación y bienestar para su numerosa familia. 

Nuestros padres, tíos y tías se han convertido en guardianes incansables de la finca. Fueron ellos quienes mantuvieron viva la herencia incluso cuando la montaña exigía esfuerzo, paciencia y resiliencia. Gracias a ellos, el café siguió floreciendo, aún en los años más duros donde se vivia violencia y escasez.

 

Hoy, más de ochenta años después, una nueva generación toma el relevo. Primos, sobrinos y nuevas manos Trejos hemos decidido dar un paso más allá: pasar de cultivar un café excepcional a transformarlo en un producto final que lleve nuestra esencia, historia y el alma de nuestra tierra y familia a cada taza.

Lo que durante décadas fue un cultivo familiar destinado a la venta en pergamino, inicia ahora una nueva etapa. Hemos aprendido sobre procesos, fermentaciones, perfiles de taza y beneficio controlado. Crecimos jugando entre cafetales y nos formamos para entender el café desde la planta hasta la taza. Hoy estamos listos para compartir con el mundo un café que respeta su origen, honra su historia y lleva consigo el espíritu de quienes lo sembraron con amor.

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